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Así es mi trabajo

 

Limpieza-profunda-del-baño

!!!MI TRABAJO ES TAN DIFÍCIL!!! Ya ni recuerdo cuantas veces esta frase salió de mi  boca, cuando ocurrieron eventos inesperados en mi lugar de trabajo, los cuales me sacaron de mi agenda para el día.

Alguien rompió una botella de leche, otro derrama agua en uno de los pasillos, otra persona está enferma del estómago y deja una gran señal de eso en el baño con olor y residuos fuera del inodoro. Etc.

Muchas veces me pregunté ¿por qué tengo que estar limpiando los desastres de otras personas?, ¿por qué tienen que venir a mi trabajo y hacer sus necesidades aquí? ¿Acaso no tienen baño en sus casas?, ¿Por qué no usan pañales? Etc, etc. Obviamente cuando ya comencé a decir todas esas cosas mi amargura era como ácido, que si caía sobre cualquier cosa lo quemaría.

Obviamente esas palabras o pensamientos no vienen de un corazón agradecido ni lleno de gozo, sino de un corazón amargado y desagradecido. ¿Acaso ese trabajo no es el medio que Dios usa para el sustento de mi familia? ¿Si no tuviera este trabajo podría poner gas en mi auto o comprarme ropa?

Cada vez que pensamientos de este estilo vienen a nuestra mente debemos tener cuidado, porque el mismo diablo puede estar susurrando a nuestro oído y ni siquiera nos damos cuenta. Como esa vez que Jesús le dijo a Pedro “aléjate de mí Satanás” cuando trató de convences a Jesús que no muriera en la cruz, lo cual hubiera sido una catástrofe, ya que sin ese sacrificio, nadie podría ser salvo del infierno.

El otro día en uno de esos momentos en los que este tipo de pensamientos vino a mi mente, el Espíritu Santo me dio cordura y me hizo analizar mi vida. Y la verdad no fue muy alentador el resultado. Mi vida cristiana tiene  mucho que desear, he sido muy negligente en mi caminar con Dios, lo cual me ha hecho cometer muchos errores y pecados. Y adivinen qué, alguien más ha tenido que limpiarlo, alguien más ha tenido que ponerse en sus rodillas y comenzar a oler la miseria de mis errores.

Dios me hizo ver que Jesús hace conmigo lo que yo hago en mi trabajo por otras personas, limpia y arregla mi vida cuando yo solo hago un desastre.

  • Él recoge mi mugre
  • Limpia y recoge las cosas cuando yo las quiebro.
  • Me ayuda cuando no puedo hacer algo
  • Es paciente y servicial
  • Está ahí cuando lo necesito

Después de esa revelación de Dios a mi vida, mi concepto del trabajo que hago tomó otro significado y la verdad es que me humilla el saber que Jesucristo está presto para hacer esas cosas por mí, pero me anima también a seguir haciendo mi trabajo, pero con una perspectiva diferente, sabiendo que yo estoy siendo de bendición a otras personas así como Jesús es de bendición para mí,  aunque no recibe un salario por hacerlo, sino que lo hace puramente por amor.

Cuan bueno es nuestro Dios y misericordioso. Espero poder aprender más de Él en mi trabajo.

¿Cómo se manifiesta la madurez cristiana?

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La madurez cristiana no se mide por cuánto tiempo llevamos en la iglesia, por la cantidad de versículos que hemos memorizado, por cuánto dinero doy a la iglesia, o por la cantidad de ministerios que realizo etc. Tampoco se mide por las cosas paganas que dejamos de hacer como ir a fiestas, dejar vicios o malos hábitos como, fumar, tomar, robar, mentir, cualquiera de esas cosas que está mal. Sino más bien por cuanto aplicamos de la palabra de Dios en nuestras vidas. Si bien es cierto que es necesitamos hacer las cosas anteriores, pero no son una excusa para dejar de hacer lo que debemos hacer. Y serán en realidad una consecuencia de lo que estamos aplicando de la palabra de Dios en nuestra vida.
Muchos cristianos se refugian en la idea que hacen muchas cosas para Dios, ¿pero son esas cosas las que realmente Dios quiere que hagas?
Lamentablemente muchos de los cristianos hoy en día están obviando cosas básicas de la vida cristiana que las maquillan con estudios bíblicos, conferencias, retiros, vigilias, ayunos, conciertos, alabanza y adoración. Buscamos sentirnos llenos del Espíritu Santo por un par de horas, hasta que nos desinflamos y vamos en busca de la siguiente actividad para llenar ese vacío que tenemos por no hacer la voluntad de Dios. “El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado,Y tu ley está en medio de mi corazón.” Salmos 40:8
“Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios;Tu buen espíritu me guíe a tierra de rectitud.”
Salmos 143:10. El hacer la voluntad de Dios es lo que nos llenará de gozo y lo que nos tendrá llenos del Espíritu Santo.
Ahora después de todo esto quiero hablarte de predicar el Evangelio. Y de como nuestro Señor Jesús estaba tan preocupado de estas cosas.
“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.”
Mateo 28:19-20
“Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado… Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían. Amén.”
Marcos 16:15,16, 20
Hay un orden natural en la vida de los seres humanos, que algunas veces no se, pero que fue el plan de Dios.
nacemos
crecemos
aprendemos
nos casamos
tenemos hijos
nuestros hijos crecen
aprenden
se casan
tienen hijos etc. etc.
Es lo mismo con la vida Cristiana. No nacemos de nuevo sólo para ser salvos, hay un propósito mayor, engendrar más hijos de Dios. “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él.” Juan 14:2.
“El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él; pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él. El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo.”1 Juan 2:4-6
Hay principios básicos en la palabra de Dios y es que si realmente amamos a Jesús y decimos que le amamos debemos guardar “no esconder” sus mandamientos, lo cual quiere decir que debemos hacerlos, vivir como Cristo.
Cuando no predicamos el Evangelio estamos interrumpiendo la ley natural que Dios planeó para nosotros, es como que voluntariamente no trajéramos más cristianos al mundo. Y no sólo eso, estamos negando la realidad del infierno que Cristo tanto predicó. Si bien es cierto, la palabra de Dios no nos llama a convertir a las personas, pero ¿Cómo oirán sin haber quien les predique? De ninguna manera. Es necesario que apliquemos este tan básico pero esencial mandamiento de Cristo de ir por todo el mundo predicar el Evangelio a toda criatura. Pídele a Dios que te ayude.
“Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.” Filipenses 2:12-13.
Si Dios nos manda a hacer esto, ¿no crees que te dará las herramientas para hacerlo también?
Te desafío a que comiences a agradar a Dios de la forma que Él quiere que le agrademos.

Recibido a Misericordia.

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Hay un pasaje que dice que Jesús había sido invitado a cenar en casa de un gobernante que era fariseo Lucas 4:1 pero también habían muchos otros fariseos de renombre. Cuando Jesús vio que los invitados trataban de ocupar los primeros asientos les comenzó a hablar de la humildad y que es mejor humillarse antes que te humillen, pero después se dirigió al anfitrión, al dueño de casa y le dijo esto.

Lucas 14:12-14

12  “Dijo también al que le había convidado:  Cuando hagas comida o cena,  no llames a tus amigos,  ni a tus hermanos,  ni a tus parientes,  ni a vecinos ricos;  no sea que ellos a su vez te vuelvan a convidar,  y seas recompensado.

13  Mas cuando hagas banquete,  llama a los pobres,  los mancos,  los cojos y los ciegos;

14  y serás bienaventurado;  porque ellos no te pueden recompensar,  pero te será recompensado en la resurrección de los justos.”

¿Cuántas veces hacemos esto en nuestra propia vida y tratamos de ser amigables con aquellos que están dentro de nuestro círculo y discriminamos descaradamente a personas que para nosotros no son dignas, olvidándonos de donde tuvo que ir Jesucristo para recogernos en medio de nuestra inmundicia? Sé que a veces es difícil amar a los despreciados, aquellos que no se visten bien, que no huelen bien, que no hablan correctamente o a los que no tienen educación, a los que cometieron errores en el pasado y están viviendo las consecuencias. ¿Acaso no recordamos que Cristo dijo que había venido para buscar lo que se había perdido?

Muy frecuentemente tratamos de ayudar a personas que nosotros suponemos que no tardarán mucho en tomar buenas decisiones, y que será muy agradable hacerles un seguimiento y que en un tiempo corto hasta recibiremos felicitaciones por el “trabajo que hemos hecho” en la vida de esa persona, pero ¿qué hacemos con los “casos perdidos”? aquellos que no te ecuchan, no comprenden muy rápido lo que les enseñas, que una y otra vez caen en los mismos errores y pecados, sólo lo dejamos e hipócritamente decimos se lo dejamos al Señor.

Yo era un caso perdido y muchos pueden atestiguar de eso, pero doy tantas gracias por aquellas personas que confiaron en mí aun cuando no mostré interés en las cosas del Señor o aun cuando ellos supieron que no iba a poder devolverles las cosas que me habían dado.

Agradezco a mi tía Vicky que tan insistente y pacientemente me invitaba a la iglesia y a campamentos y que oraba por mi salvación, aunque muchas veces pensé ¿para qué me invita, acaso no sabe qué voy solo por los juegos, la chicas o la comida?

Agradezco también a Jerónimo Ordóñez que me visitaba cada semana para que fuera a la iglesia hasta que le dije un día que no se molestara más en visitarme, porque no quería volver.

Agradezco al Patricio Carrasco por abrir las puertas de su casa cuando aún era casi un desconocido en la iglesia y porque me mostró junto con su familia lo que un hogar cristiano.

Doy gracias también a Cristian Ormeño y su esposa por animarme cuando comencé a ir a la iglesia y por tanto que se preocupó por nosotros y por siempre estar preocupado si teníamos dinero para ir el día Domingo.

Gracias Anselmo Medel, por ser mi amigo cuando recién llegué a la iglesia y me ayudaste a crecer en el Señor.

También a David Rodríguez que mi discipuló, me animó y me ayudó a crecer en el Señor en un tiempo crítico de mi vida.

Gracias a Miguel Arcila que fue mi consejero en mis dos primeros años de instituto bíblico y que me exhortó muchas veces y que con tanta paciencia y amor me corrigió y hasta hoy lo sigue haciendo.

Gracias a Marcelo Jorquera por ser mi consejero en mi tercer año instituto bíblico por animarme y llorar conmigo en un tiempo de mucho dolor.

Gracias a mi tío Marcelo por animarme y aconsejarme, por tu ayuda práctica que tantas veces fue de mucha bendición.

Todos estos nombres los tengo en mi corazón y estoy tan agradecido a Dios que lo puso en mi vida, porque prefirieron mirar lo que Dios podía hacer en mi vida, en vez de ver  la basura y la miseria que vieron cuando recién me conocieron.

Hay tantos nombres en mi mente y mi corazón Los hermanos Carrasco, Jonathan Norambuena, Rolando Quiroz, Cristian Ampay, Rodrigo Vergara y tantos otros que solo la eternidad revelará sus obras para conmigo.

Para terminar, solo quiero poner este versículo que es que ocurrió conmigo.

1 Timoteo 1:15-17

15  “Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores,  de los cuales yo soy el primero.

16  Pero por esto fui recibido a misericordia,  para que Jesucristo mostrase en mí el primero toda su clemencia,  para ejemplo de los que habrían de creer en él para vida eterna.

17  Por tanto,  al Rey de los siglos,  inmortal,  invisible,  al único y sabio Dios,  sea honor y gloria por los siglos de los siglos.  Amén.”