Recibido a Misericordia.

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Hay un pasaje que dice que Jesús había sido invitado a cenar en casa de un gobernante que era fariseo Lucas 4:1 pero también habían muchos otros fariseos de renombre. Cuando Jesús vio que los invitados trataban de ocupar los primeros asientos les comenzó a hablar de la humildad y que es mejor humillarse antes que te humillen, pero después se dirigió al anfitrión, al dueño de casa y le dijo esto.

Lucas 14:12-14

12  “Dijo también al que le había convidado:  Cuando hagas comida o cena,  no llames a tus amigos,  ni a tus hermanos,  ni a tus parientes,  ni a vecinos ricos;  no sea que ellos a su vez te vuelvan a convidar,  y seas recompensado.

13  Mas cuando hagas banquete,  llama a los pobres,  los mancos,  los cojos y los ciegos;

14  y serás bienaventurado;  porque ellos no te pueden recompensar,  pero te será recompensado en la resurrección de los justos.”

¿Cuántas veces hacemos esto en nuestra propia vida y tratamos de ser amigables con aquellos que están dentro de nuestro círculo y discriminamos descaradamente a personas que para nosotros no son dignas, olvidándonos de donde tuvo que ir Jesucristo para recogernos en medio de nuestra inmundicia? Sé que a veces es difícil amar a los despreciados, aquellos que no se visten bien, que no huelen bien, que no hablan correctamente o a los que no tienen educación, a los que cometieron errores en el pasado y están viviendo las consecuencias. ¿Acaso no recordamos que Cristo dijo que había venido para buscar lo que se había perdido?

Muy frecuentemente tratamos de ayudar a personas que nosotros suponemos que no tardarán mucho en tomar buenas decisiones, y que será muy agradable hacerles un seguimiento y que en un tiempo corto hasta recibiremos felicitaciones por el “trabajo que hemos hecho” en la vida de esa persona, pero ¿qué hacemos con los “casos perdidos”? aquellos que no te ecuchan, no comprenden muy rápido lo que les enseñas, que una y otra vez caen en los mismos errores y pecados, sólo lo dejamos e hipócritamente decimos se lo dejamos al Señor.

Yo era un caso perdido y muchos pueden atestiguar de eso, pero doy tantas gracias por aquellas personas que confiaron en mí aun cuando no mostré interés en las cosas del Señor o aun cuando ellos supieron que no iba a poder devolverles las cosas que me habían dado.

Agradezco a mi tía Vicky que tan insistente y pacientemente me invitaba a la iglesia y a campamentos y que oraba por mi salvación, aunque muchas veces pensé ¿para qué me invita, acaso no sabe qué voy solo por los juegos, la chicas o la comida?

Agradezco también a Jerónimo Ordóñez que me visitaba cada semana para que fuera a la iglesia hasta que le dije un día que no se molestara más en visitarme, porque no quería volver.

Agradezco al Patricio Carrasco por abrir las puertas de su casa cuando aún era casi un desconocido en la iglesia y porque me mostró junto con su familia lo que un hogar cristiano.

Doy gracias también a Cristian Ormeño y su esposa por animarme cuando comencé a ir a la iglesia y por tanto que se preocupó por nosotros y por siempre estar preocupado si teníamos dinero para ir el día Domingo.

Gracias Anselmo Medel, por ser mi amigo cuando recién llegué a la iglesia y me ayudaste a crecer en el Señor.

También a David Rodríguez que mi discipuló, me animó y me ayudó a crecer en el Señor en un tiempo crítico de mi vida.

Gracias a Miguel Arcila que fue mi consejero en mis dos primeros años de instituto bíblico y que me exhortó muchas veces y que con tanta paciencia y amor me corrigió y hasta hoy lo sigue haciendo.

Gracias a Marcelo Jorquera por ser mi consejero en mi tercer año instituto bíblico por animarme y llorar conmigo en un tiempo de mucho dolor.

Gracias a mi tío Marcelo por animarme y aconsejarme, por tu ayuda práctica que tantas veces fue de mucha bendición.

Todos estos nombres los tengo en mi corazón y estoy tan agradecido a Dios que lo puso en mi vida, porque prefirieron mirar lo que Dios podía hacer en mi vida, en vez de ver  la basura y la miseria que vieron cuando recién me conocieron.

Hay tantos nombres en mi mente y mi corazón Los hermanos Carrasco, Jonathan Norambuena, Rolando Quiroz, Cristian Ampay, Rodrigo Vergara y tantos otros que solo la eternidad revelará sus obras para conmigo.

Para terminar, solo quiero poner este versículo que es que ocurrió conmigo.

1 Timoteo 1:15-17

15  “Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores,  de los cuales yo soy el primero.

16  Pero por esto fui recibido a misericordia,  para que Jesucristo mostrase en mí el primero toda su clemencia,  para ejemplo de los que habrían de creer en él para vida eterna.

17  Por tanto,  al Rey de los siglos,  inmortal,  invisible,  al único y sabio Dios,  sea honor y gloria por los siglos de los siglos.  Amén.”

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2 pensamientos en “Recibido a Misericordia.

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